domingo, 5 de febrero de 2017

BALZAC Y LA COSTURERA CHINA

Dos adolescentes chinos son enviados a una aldea perdida en las montañas del Fénix del Cielo, cerca de la frontera con el Tíbet, para cumplir con el proceso de «reeducación» implantado por Mao Zedong a finales de los años sesenta. Soportando unas condiciones de vida infrahumanas, con unas perspectivas casi nulas de regresar algún día a su ciudad natal, todo cambia con la aparición de una maleta clandestina llena de obras emblemáticas de la literatura occidental. Así pues, gracias a la lectura de Balzac, Dumas, Stendhal o Romain Roland, los dos jóvenes descubrirán un mundo repleto de poesía, sentimientos y pasiones desconocidas, y aprenderán que un libro puede ser un instrumento valiosísimo a la hora de conquistar a la atractiva Sastrecilla, la joven hija del sastre del pueblo vecino.

SOBRE EL AUTOR
Dai Sijie, nacido en 1954, es un cineasta y novelista chino que vive en Francia. Se le conoce sobre todo por su novela Le complexe de Di (El complejo de Di) que recibió el Premio Femina en 2003. Hijo de médico, entró en un colegio en 1969 con la Revolución Cultural y fue enviado más tarde a un centro de reeducación escolar de 1971 a 1974. En 1974 ingresó en la universidad para cursar Historia del Arte y cuatro años después en una escuela de cine, donde obtuvo una beca para estudiar en el extranjero. Trabajó en un instituto de provincias hasta la muerte del presidente Mao Zedong. Escogió Francia para proseguir sus estudios y se instaló allí en 1984. Descubrió el cine europeo y quedó muy impresionado por Luis Buñuel, de quien adquirió el gusto por lo surreal. Su primera novela, Balzac y la joven costurara china, de carácter semi autobiográfico fue llevada al cine, adaptando él mismo la novela y dirigiendo la película. A pesar de haber escapado de la China revolucionaria casi toda su narrativa se desarrolla en este país. Desde La acrobacia de Confucio hasta Balzac y la joven costurera china, pasando por El complejo de Di probablemente su obra más conocida.



LA CRÍTICA

Balzac y la joven costurera china

Bajo el tono ligero y hasta folletinesco se esconde la crítica contra un sistema que propició “la revolución cultural”. Un policía pasa de vez en cuando para controlar la reeducación. Es cuando los jóvenes tienen que esconder sus libros. Pese al dramatismo, la novela se plantea con un extremado objetivismo, distanciamiento muy diferente de parecidos experimentos occidentales, y no carece de un tono humorístico que suaviza las situaciones. Utiliza a menudo la imaginación, el cuento inscrito, recrea los temas orales y no falta la idea de reconvertir las obscenas canciones populares en revolucionarias. La trama lineal adornada con historias colaterales, y tampoco faltan las escenas de sadismo, como la extracción de una muela al jefe del poblado, o los ataques de jóvenes cam- pesinos armados del libro rojo. Bajo su simplicidad, puede advertirse la diversidad de intenciones y los posibles niveles de lectura.
Dai Sijie cuenta la revolución cultural china con mucho humor

La novela, autobiográfica, es dura. Trata de lo que fue la revolución cultural, pero contada con tanto humor que no trasluce la amargura de los cuatro años (entre los 17 y los 21) en que el propio Sijie 'fue reeducado'. No es un ajuste de cuentas. 'Quería contar mi primer amor por la literatura en una época en que todo estaba prohibido. Quería explicar cómo la literatura puede cambiar la vida de una persona', afirmó la semana pasada en Barcelona.


ENTREVISTAS











LA REVOLUCIÓN CULTURAL

Se llamó así, originalmente, al proceso de eliminación del analfabetismo y de promoción de la enseñanza de la cultura moderna que se impulsó en la Unión Soviética en los años 1920 a 1930, en función del viejo concepto leninista de que es necesario cambiar la percepción de los hombres y de los pueblos sobre las situaciones injustas en la organización social a fin de generar en su ánimo las condiciones subjetivas de la revolución
Este concepto fue recogido después por el teórico marxista italiano Antonio Gramsci.
 Más tarde, Mao Tse-tung en China denominó “revolución cultural” al movimiento que impulsó de 1966 a 1976 para eliminar todos los residuos de la “cultura burguesa” que en su concepto quedaban aún en China y posibilitar de este modo el pleno desarrollo marxista. El nombre oficial del movimiento fue el de “gran revolución cultural proletaria”, según la resolución tomada por la dirigencia china en la XI sesión plenaria del VIII Comité Central del Partido Comunista. Su propósito fue borrar los últimos vestigios de la cultura capitalista supuestamente enquistados tanto en los mandos del Estado como en las jerarquías del partido. Para ello emprendió en una verdadera <caza de brujas contra todo lo que olía a “capitalismo” y a “derechismo”. Muchos funcionarios del gobierno en el ámbito central y periférico fueron destituidos o despojados de su autoridad. Se persiguió a las “autoridades académicas reaccionarias” y los cuadros del Partido fueron reorganizados sin contemplación porque ellos, en concepto de los fanáticos impulsores de la “revolución cultural”, habían sido penetrados por los agentes del capitalismo hasta el extremo de que el Comité Central del Partido Comunista se había convertido en un “cuartel general burgués”, según decían. La revolución cultural fue un <macartismo al revés: persiguió sin tregua a los infiltrados agentes del capitalismo que supuestamente habían copado los mandos estatales y partidistas de China.




LA PELÍCULA



Mª Vega de la Peña
(Bilbiotecaria y profesora)

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